
En la era del minuto a minuto, cada segundo cuenta para el aficionado que sigue LaLiga, la Copa Libertadores o un partido de la LigaPro desde su teléfono. Sin embargo, hay momentos en los que la experiencia digital se convierte en un obstáculo: el clásico formulario de inicio de sesión. Hoy me detengo en esa pequeña gran barrera que impide que el lector vuelva al relato futbolístico con la misma fluidez.
El flujo típico empieza con el campo para introducir el correo electrónico, marcado como obligatorio, y las advertencias que aparecen cuando el dato no cumple el formato esperado. Mensajes como la petición de ingresar una dirección válida o el aviso de que el correo no es correcto no son sólo texto: son fricciones que hacen perder ritmo. ¿Cuántas veces hemos abandonado una lectura o el seguimiento de un partido por un simple error tipográfico en el e-mail?
Los medios intentan facilitar alternativas: desde inscripciones gratuitas hasta botones para continuar con redes sociales. Ver opciones para registrarse de manera gratuita o acceder con Facebook, Google o Apple es un intento legítimo por reducir la barrera; sin embargo, a veces la multiplicidad de caminos confunde al usuario más que ayudarlo.
También están los recordatorios de inactividad —ese molesto “¿seguís ahí?” que aparece cuando la sesión lleva un rato sin interacción—. La intención es buena: proteger cuentas y ahorrar recursos. Pero para el hincha que vuelve tras un gol o un penal históricamente discutido, ese modal que pide «continuar en la página» puede sentirse como un pitazo arbitral que corta la jugada.
Como periodista que respira fútbol, me interesa la narrativa completa: la previa, el gol, la polémica, la crónica. Y sé que la tecnología debe estar al servicio de esa narración, no al revés. ¿Qué pueden hacer las redacciones deportivas y las plataformas? Simplificar formularios, ofrecer accesos persistentes y explicaciones claras cuando una dirección de correo no pasa la validación. Pequeños ajustes —un feedback inmediato en el campo, opciones claras de acceso social, menos interrupciones intrusivas— recuperan minutos valiosos del aficionado y aumentan la fidelidad.
En definitiva, mientras los entrenadores discuten táctica y los periodistas afinan análisis, la experiencia de acceso debería jugar de local: facilitar el juego, acercar a la gente a la pasión. Porque el verdadero rival a batir no es el rival del domingo, sino la fricción innecesaria que aleja al hincha de la narración.
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Recuerda jugar de forma responsable. El juego debe ser siempre una actividad de ocio y controlada.
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