
En el foro Wings of Change Americas celebrado en Santiago, Chile, Roberto Alvo, CEO de Latam Airlines, puso la lupa sobre un problema que ya no es solo de contabilidad: el precio del jet fuel. Alvo definió como “violento” el aumento observado en las últimas semanas tras el conflicto en Medio Oriente y advirtió que la volatilidad del combustible puede cambiar de raíz la hoja de ruta del sector.
Antes de la crisis, recordó, el jet fuel rondaba los 90 dólares por barril; en el último mes y medio la industria se ha acostumbrado a un nuevo piso de entre 100 y 120 dólares, y la posibilidad de que llegue a 140–150 dólares no está descartada. ¿Qué significa eso para las aerolíneas? En números claros: el sector consume cerca de 300.000 millones de dólares en combustible al año; si los precios se duplican, el impacto en costos sería de magnitud equivalente.
“En una industria que esperaba ganar el 4 %, esto es un cambio importante; creo que la industria sabe administrar”, afirmó Alvo, con un tono que mezcló realismo y confianza. El ejecutivo subrayó que, aunque Latam atraviesa uno de sus mejores momentos, el ajuste será inevitable: si el desbalance persiste, parte del costo será trasladado al precio del pasaje y podría haber efecto en la oferta en los próximos meses.
Pese a ese escenario, Alvo destacó que la demanda no ha mostrado señales de quiebre. “La gente quiere seguir viajando”, dijo, recordando que en los últimos 35 días el interés por viajar no se haya reducido. Aun así, la incertidumbre obliga a buscar estrategias más profundas que mitiguen la dependencia de mercados petroleros concentrados.
En esa dirección, el CEO puso sobre la mesa los incentivos a los SAF (sustainable aviation fuels): combustibles alternativos producidos a partir de residuos que permitirían reducir la exposición a los vaivenes del petróleo. “Yo sigo pensando que tenemos que ir hacia ellos (los incentivos)”, declaró Alvo, y añadió que la crisis podría convertirse en un motor para acelerar medidas que, hasta ahora, parecían más a largo plazo. Varias aerolíneas se han fijado metas para 2030, como reducir cerca del 5 % de emisiones de CO2; el directivo considera que el choque actual puede intensificar esas acciones.
A nivel regional, Alvo pidió que la infraestructura acompañe el crecimiento y que la intervención estatal —tasas incluidas— sea mínima para facilitar la operatividad. Sobre Chile, comentó que Latam pondrá su disposición al nuevo gobierno, que asumió el 11 de marzo, ideas para mejorar la conectividad interregional.
El mensaje fue claro: la industria sabe adaptarse, pero necesita herramientas. ¿Serán los SAF y una política de incentivos la tabla de salvación para una aviación menos vulnerable? La respuesta, por ahora, depende de decisiones públicas y privadas que definan el futuro del transporte aéreo en la región.
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