
El Deportivo Cuenca afronta el 2026 con un mensaje claro: hambre de gloria y ambición internacional. En un fútbol ecuatoriano en constante evolución y cada vez más competitivo, el cuadro morlaco no quiere ser simple espectador. De la mano del experimentado Jorge Célico, quien conoce palmo a palmo la idiosincrasia del balompié nacional, el club ha iniciado con decisión el proceso de refuerzos, apostando sobre todo al talento argentino para cimentar su estructura.
La dirigencia, consciente de la exigencia de la LigaPro y, sobre todo, del reto que supondrá disputar la Copa Sudamericana, cerró la llegada de cuatro jugadores clave procedentes del fútbol argentino: el portero Facundo Ferrero, los zagueros Patricio Boolsen y Santiago Postel, y el delantero Germán Rivero. Cada uno de ellos aporta experiencia y jerarquía en las zonas neurálgicas: seguridad bajo los tres palos, solidez en la zaga y un plus de poder ofensivo, vital para afrontar el doble frente de competencias.
La apuesta por esta legión argentina no es casualidad. Célico, con su reconocido olfato para detectar talento y encajarlo en el contexto ecuatoriano, participó activamente en el proceso de selección junto a la directiva. Se busca que la mezcla de experiencia internacional y competencia interna eleve el nivel global de la plantilla.
El objetivo es claro: que Deportivo Cuenca no solo compita, sino que sea protagonista. Con estas incorporaciones, el club aspira a consolidar un grupo sólido capaz de pelear en la parte alta de la LigaPro Ecuabet y animar la Copa Sudamericana, torneos que despiertan la ilusión de una afición siempre leal.
¿Será esta la fórmula para devolver a los morlacos a grandes noches continentales? Solo el tiempo, la cancha y esa mística tan propia del fútbol cuencano tendrán la última palabra. Pero sin duda, la dirigencia ha dado el primer paso con convicción y visión internacional.
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