
El esperado sueño de entregar a Ecuador una pista atlética de nivel internacional enfrenta un nuevo obstáculo. El 14 de enero de 2026, la presencia del viceministro del Deporte, Roberto Ibáñez, en la Jefferson Pérez Quezada de Miraflores generó expectativas: la promesa de que en mes y medio estaría lista para la segunda fase y, finalmente, su certificación. Sin embargo, después de 73 días, la realidad dista mucho de lo anunciado.
Técnicos de la Federación Deportiva del Azuay trabajan sin pausa en la colocación del material sintético pendiente. El dilema nace en las zonas de salto: tras la reciente visita de Franco Ruata, representante técnico de la reconocida marca italiana MONDO, se detectaron graves errores constructivos en las áreas de media luna y carrileras de salto. Ruata fue claro en su veredicto: los trabajos deben rehacerse completamente, retrasando la instalación y forzando a la institución a invertir recursos adicionales.
Estos inconvenientes se suman a un historial de promesas incumplidas y plazos prolongados. Ya en 2024 se inauguró la primera fase, logrando colocar el sintético en el anillo principal y celebrando un campeonato intercantonal en septiembre bajo la presidencia de Edwin Loyola. Posteriormente, el Ministerio del Deporte, bajo la gestión de José David Jiménez, prometió el desembarco del nuevo sintético en “dos semanas más”. Pasaron catorce meses antes de su real arribo a Miraflores, y hoy el material permanece almacenado, sin poderse instalar mientras no recibe el aval de MONDO.
La homologación internacional, vital para atraer campeonatos regionales y sudamericanos, sigue siendo una meta lejana. La intervención del Ministerio, alegando daños a la infraestructura, duró cerca de 500 días y no logró destrabar el avance de las obras. La realidad es que Ecuador carece aún de una pista de atletismo habilitada y reconocida para acoger eventos oficiales, privando a nuestros atletas de fogueo internacional y al país de actividad deportiva de primer nivel.
Desde noviembre de 2025, nuevas autoridades están al mando en la Federación Deportiva del Azuay, comprometidas a encontrar soluciones técnicas y administrativas para sacar adelante la pista Jefferson Pérez. Sin embargo, la hinchada del atletismo ecuatoriano, así como entrenadores y deportistas, siguen aguardando que el escenario insignia de Cuenca esté finalmente a la altura de los grandes retos, y que la inversión pública se transforme en legado y desarrollo nacional.
Con cada retraso, la exigencia social crece: el país necesita infraestructura de élite para no quedar rezagado en el concierto deportivo sudamericano. La mirada ahora está puesta en las próximas acciones de la FDA y el Ministerio del Deporte, con la esperanza de que finalmente la anhelada certificación internacional deje de ser una promesa pendiente.
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