
En un llamado urgente a la acción, la Organización de Naciones Unidas (ONU) y su Programa para el Medio Ambiente (Pnuma) han compartido cifras tan contundentes como preocupantes: cada año, más de 1.000 millones de toneladas de alimentos terminan en la basura alrededor del mundo. Este dato fue el epicentro del Día Internacional de Cero Desechos, celebrado este 30 de marzo en la sede de la ONU en Nueva York, una jornada que invita a la reflexión y al compromiso colectivo.
El escenario es paradójico. Mientras cientos de millones de personas viven con hambre, el 19 % de los alimentos producidos para consumidores se desperdicia, y un 13 % adicional se pierde en la etapa poscosecha. Así lo explica el Pnuma en su último reporte, que apunta además que el 60 % del desperdicio tiene lugar en los propios hogares, una realidad que nos invita a repensar nuestros hábitos cotidianos. Los servicios de alimentos y el comercio minorista completan el mapa del desperdicio, con un 28 % y 12 %, respectivamente.
El evento central, liderado por el Secretario General António Guterres, subrayó la urgencia de una transformación sistémica: se instó a consumidores, comercios, autoridades locales y gobiernos a modificar sus modelos de consumo y producción para revertir esta crisis. Es que la generación anual de residuos sólidos municipales asciende ya a 2.300 millones de toneladas, cifra que crece al ritmo del consumo insostenible y la falta de conciencia global.
No se trata solo de residuos: el desperdicio alimentario contribuye significativamente a la crisis climática. Según el Pnuma, la pérdida y derroche de alimentos genera entre 8 % y 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una cifra casi cinco veces mayor que la industria de aviación. Peor aún: el despilfarro de alimentos representa hasta un 14 % de las emisiones globales de metano, uno de los contaminantes más dañinos para el planeta.
La directora ejecutiva del Pnuma, Inger Andersen, fue tajante: "No podemos permitirnos desperdiciar recursos preciosos ni asumir el costo anual de un billón de dólares que esto implica para la economía global". El Día Internacional de Cero Desechos se convierte así en un punto de inflexión, destacando la necesidad de conocer qué alimentos se pierde y cómo reducirlo para salvaguardar el medioambiente, promover la estabilidad económica y construir sociedades más resilientes.
Desde 2023, cada 30 de marzo busca sensibilizar sobre el problema y promover iniciativas que conduzcan al desarrollo sostenible. Ejemplos como Japón, que ha reducido el desperdicio de alimentos en 53 % desde el año 2000, y el Reino Unido, que logró una baja del 22 % desde 2007, evidencian que el cambio es posible si existe voluntad y políticas claras. Sin embargo, la mayoría de los países aún carecen de datos sólidos para monitorear su progreso rumbo al objetivo de reducir a la mitad el desperdicio de alimentos para 2030.
Las conmemoraciones de este año incluyeron eventos en ciudades como Estambul, Osaka, Brasilia, Ginebra, Nairobi y distintas zonas de China, demostrando que la lucha contra el desperdicio alimentario es global y requiere la suma de todos los esfuerzos. ¿Seremos capaces, como comunidad mundial, de cambiar el rumbo y devolverle valor a cada alimento producido?
Comentarios (0)