
En el corazón del cantón Loja, la preocupación por el déficit de alcantarillado sanitario se ha vuelto una constante, especialmente en aquellas parroquias y barrios donde la expansión demográfica supera la capacidad de los servicios básicos. Tras la pandemia, muchas familias apostaron por asentarse en zonas rurales o periferias urbanas, pero se toparon con la amarga realidad: la falta de conexión al alcantarillado.
Este escenario ha propiciado la utilización masiva de pozos sépticos, lo que —además de ser una solución temporal y muchas veces precaria— impacta de manera negativa en el ambiente, los afluentes de agua y la estabilidad del terreno. Así lo remarca el concejal Yury Yaguana Jaramillo, uno de los impulsores de la nueva propuesta: la instalación de biodigestores como medida provisional y responsable hasta que las redes de alcantarillado logren alcanzar a toda la urbe y sus parroquias.
Según datos del Municipio de Loja, solo en 2024 se aprobaron 116 proyectos habitacionales y en 2025 ya van 86 más; ninguno con integración a sistemas de alcantarillado. Este vacío ha llevado a plantear una ordenanza municipal que exija la implementación de biodigestores para viviendas unifamiliares o construcciones que dependan actualmente de pozas sépticas. De esta forma, se aspira a minimizar el impacto ambiental y sentar precedentes de sostenibilidad mientras llegan las soluciones estructurales definitivas.
El plan requiere que cada nueva vivienda contemple un espacio designado para el biodigestor, con accesos adecuados para su limpieza y mantenimiento, y, pensando a futuro, una orientación de las tuberías compatible con una eventual conexión al alcantarillado público.
La problemática es especialmente notoria en parroquias como Vilcabamba —con solo un 45% de cobertura— y Malacatos, donde el nivel bordea el 37%. Y no son casos aislados: la cobertura de alcantarillado en el sector rural de Loja rara vez supera el 50%, dejando a cientos de familias dependiendo de alternativas poco ideales. En barrios periféricos y cabeceras parroquiales se repite la historia, lo que ha motivado la socialización y primer debate de la "Ordenanza para la instalación de biodigestores en el área rural y cabeceras parroquiales del cantón Loja".
El camino es largo, pues aún faltan observaciones y un segundo debate antes de que la normativa pueda ser realidad. Sin embargo, la discusión marca un hito en el enfoque ambiental y sanitario del cantón, al priorizar el bienestar colectivo y el equilibrio ecológico sobre soluciones improvisadas. Loja, con sus seis parroquias urbanas y trece rurales, no puede dar la espalda a las necesidades de su gente ni descuidar las fuentes de vida de su territorio. Mientras llegan los grandes proyectos, los biodigestores representan un respiro para la sostenibilidad y la salud de sus habitantes.
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